

El pueblo de Fisterra, está formado por un núcleo antiguo crecido en anfiteatro sobre el puerto. Sus casas y estrechas calles son de un gran tipismo y originalidad. En el centro se encuentra la Plaza de Arasolis, en las afueras, de camino al faro, encontramos el monumento más interesante de la villa: la Iglesia de Santa Maria das Areas y dentro del conjunto histórico de la villa destaca también el Castillo de San Carlos.
Su puerto es el mayor lugar de actividad del pueblo y su lonja la primera lonja turística de Galicia. La flota está formada por pequeños barcos de bajura que utilizan diversas artes de pesca como el palangre, nasas, betas, etc. A cualquier hora del día que paseemos por el puerto, encontraremos marineros que van o vienen de pescar, reparando sus redes o en la lonja subastando el pescado. El sector pesquero es uno de los más tradicionales del pueblo. La buena calidad del pescado y marisco que hay en esta zona hace que los productos tengan una gran demanda en los mercados.

La vegetación herbácea sobrevive a duras penas en un terreno azotado por fuertes vientos y fuerte salinidad. Aun así progresan los brezales húmedos de Erica Tetraliz y E. Ciliaris, brezales secos, orquídeas, retamas (alguna endémica de Galicia), centáureas, plantas de acantilado como Armenia y alguna plantación depino y eucalipto. La vegetación adaptada al complejo dunar que adorna la Playa de O Rostro, una de las más salvajes del litoral gallego, presenta la vegetación psamófila posiblemente mejor conservada de Galicia.
Fisterra es un extraordinario enclave para la observación del paso migratorio de multitud de aves marinas que además buscan refugio y reposo en los arenales y ensenadas pantanosas entre las Playas de Rostro y Langosteira. Los islotes rocosos como los de las Islas Loberías albergan una importante colonia de gaviota argéntea, gaviota sombría, patiamarilla y cormorán moñudo.